Darle a cada situación la importancia que se merezca

COSA DE NIÑOS
Por Manuela Carballo del Río

Sucedió no sé cómo, pero de repente estaba muy tranquila caminando por un sendero estrecho que me llevaba directamente al cementerio, me llegaron a la memoria recuerdos de mi infancia. Este lugar para nada lúgubre, ya que estaba tan cercano a la casona, nos era familiar, en él se encontraba los restos de mi abuela materna, fallecida a muy temprana edad, más otros vecinos del lugar.             
Era muy curioso ver desfilar una larga columna de deudos por delante de mi casa todos muy compungidos, muy enlutados, y con las lloronas haciendo un coro casi ridículo de la situación, acto seguido todos los niños nos arrodillábamos a la vera del camino haciendo la señal de la cruz en una velocidad que a nadie llamaba la atención, ya que el interés seguía siendo el cadáver más todo el cortejo que al compás de las campanas de la iglesia ya sabiendo que tocaba entierro. Todo el pueblo conocía el lenguaje, tantos repiques boda, otros tantos nacimiento, otros bautizo, otros fiestas patronales.
Presurosas las damas tapando su cabello con una mantilla negra y los caballeros abotonándose el saco que no importaba si era de su talla, sólo tenía que ser negro. Se sumaban a la línea casi perfecta que desembocaba en el pequeño cementerio. Para los niños era algo común recoger flores silvestres y arrojarlas al paso esperando con ansia que termine de pasar la caravana ya que era ahí donde empezaba nuestro divertimiento, terminada la procesión cada uno a sus juegos.
La ría siempre presente ofreciendo la invitación de zambullirse sin que el traje de baño sea un problema, mientras nuestros mayores acompañaban el cortejo, momento precioso para tirar la poca ropa que llevábamos puesta y meternos bien adentro sabiendo que nunca esa ría nos cubriría más que la cintura. La misa, el responso, nos daba un largo tiempo de disfrutar de esa libertad, sabiendo de antemano que luego venían azotes ya que la ropa quedaba en cualquier lugar y terminaba mojada como trapos.
A ninguno nos abundaban las mudas (ropa interior) para andar reponiendo como si nada, pero más valía disfrutar de ese tiempo de libertad aunque después tuviéramos que ir a la cama en coiros y sin cena o almuerzo dependiendo de la hora que acontecieran los hechos. Sabiendo a ciencia cierta que otro muerto pasaría por el camino y nosotros después de hacer nuestra ceremonia de persignarnos y arrojar flores tendríamos nuevamente la posibilidad de jugar como nos diera la real gana.

 

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Leer y escribir lleva su tiempo

Por Sabrina Romero

Aprender a leer y escribir es una de las aventuras más maravillosas a la que los seres humanos nos enfrentamos en la vida, pero al mismo tiempo es uno de los desafíos constantes, ya que nos pone en juego la necesidad de adquirir nuevos conocimientos permanentemente. Por todo esto, es que la educación preescolar toma un papel primordial.
Lo óptimo para el aprendizaje es incentivar que los niños experimenten con letras y palabras, con libros y cartas, brindándoles un espacio en el cual aprendan a su ritmo sin ejercer exigencias. Todo esto debe ir acompañado de una participación de los padres donde no se emplee una presión desmedida porque el niño o niña no lea y escriba ya.
Hay que tener en cuenta que se aprende a leer, leyendo y a escribir, escribiendo, esto no sucede de un día para el otro, hay que tomarse su tiempo, es un camino que se debe transitar según cada uno.
No hay que olvidar que la alfabetización es un proceso que dura toda la vida, cualquiera de nosotros puede encontrar textos que nunca había producido o interpretado antes y necesitamos nuestro tiempo para hacerlo. En el caso de los niños es necesario que siempre tratemos de entenderlos  y guiarlos sin ejercer una presión.
Para tener buenas experiencias, es necesario que en la casa haya muchos libros y que los padres, hermanos o abuelos les leen a los niños con regularidad, ya que a través de la lectura les están enseñando a disfrutar de escuchar y aprender en un ambiente cálido y seguro. En el caso que esto no ocurra, es en el jardín donde muchos niños se enfrentan a los libros por primera vez.

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Sobre el Aprendizaje

por Sabina Romero ( Maestra de Nivel Inicial)

Para reflexionar sobre el aprendizaje de los niños podemos tomar tres frases relevantes del libro “Vivir y Aprender” de Guy Claxton, un experto en Ciencia Cognitiva, Creatividad y Educación quien ha sido co-Director del Centro de aprendizaje del mundo real (CRL).
Frase 1: “Se puede llevar a un caballo a la fuente del conocimiento, pero no se le puede obligar a beber” La enseñanza no produce aprendizaje de por sí. El aprendizaje y el desarrollo tienen lugar espontáneamente, no se puede forzar este proceso. Lo indicado es ayudar al niño a que produzca conocimiento más fácilmente, pero continuamente el maestro debe saber que enseñar es un proceso lento y sutil.
Todos sabemos que en los primeros años de vida es cuando los niños aprenden de cosas que no se pueden olvidar.
Frase 2: “Las personas aprenden antes lo que necesitan con más urgencia y lo que quieren saber” No se aprende nada que no esté relacionado, aunque sea de modo muy lejano, con la satisfacción de una necesidad o con un deseo.
El aprendizaje consiste en mejorar nuestra visión sobre el mundo en el que vivimos, el único criterio, la única “motivación” es la calidad de la seguridad de nuestra supervivencia. El aprendizaje es la búsqueda de una respuesta para una pregunta que nos interesa.
De esta manera se trata de brindar a los niños un aprendizaje significativo, siempre con la intención de averiguar cuáles son sus saberes previos para que nos brinden el punto de partida.
Frase 3: “Cuando las personas se sienten amenazadas dejan de aprender” Cuando un individuo experimenta un desafío se lo puede alentar, estimular y fomentar su aprendizaje. No obstante, si se lo presiona llega un momento en el que se siente obligado y “se desconecta” de un modo u otro. Podemos definir “desconectarse” como el método para defenderse lo cual no es aprender.
Es decir, hay que saber observar y no presionar porque en algunos casos solo sirve para aumentar el desagrado por aprender y su desconfianza en su propia capacidad.

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Rebeldía y caprichos
Una problemática de niños y adultos

La rebeldía, expresada como negativismo, los caprichos y el enfrentamiento ante el adulto, es la expresión que se deja ver. Es un desequilibrio emocional de un niño o un adolescente ante alguna situación vivida.

Ante esto, el desequilibrio puede ser provocado por emociones negativas como el miedo y la rabia, y se observan generalmente cuando no son neutralizadas por el autocontrol.

Cuando las causas son permanentes, las emociones negativas dan lugar a sentimientos constantes de ira, odio, desprecio que se mantienen en el tiempo. Que se expresan en trastornos en la conducta del niño.

Pero, eventualmente la rabia, el odio, y el desprecio no tienen relación con los factores provocados por el ambiente, sino que aparecen como consecuencias de anomalías que afectan módulos cerebrales específicos.

Según la neuropsiquiatraAmanda Céspedes en su libro “Niños caprichosos, adolescentes rebelde.Cómo manejar los trastornos de conducta en lo hijos”, los de niños y adolescentes que padecen este tipo de conducta se presentan a través de las siguientes señales:

  1. Intensidad inusitada de la reacción negativita (caprichos intensos y prolongados. Violencia verbal o física indiscriminada).
  2. Discrepancia entre el estimulo y la magnitud de la conducta negativa.

 

  1. Durante la extensión del capricho o de la reacción agresiva. Presencia de conductas autolesivas (morder el propio brazo, infligirse heridas cortantes)
  1. Claves físicas típicas: una mirada extraviada, expresión facial perpleja, confundida o palidez extrema que indica un estado de alterado de conciencia.

 

Los caprichos y la rebeldía en los niños está presente en todos lados, en algunos casos no podemos pasar de alto y justificarlos al decir que es sólo porque es un niño. Es necesario tomar la situación y poder analizarse, ya que el adulto es el encargado de cuidar, ayudar y marcar los límites.